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24/02/2010
CLAVES PARA ILUMINAR BIEN EL HOGAR

A todas luces, una correcta iluminación es un aspecto fundamental a la hora de planificar un interiorismo. Su valor funcional, decorativo, y hasta económico, le otorgan una importancia decisiva que no siempre es tenida en cuenta. Conoce todos los trucos para lucir un hogar brillante.

Una iluminación uniforme derivará en una casa monótona y aburrida. Por eso, lo primero a contemplar son los tres tipos de luces existentes, clasificadas según la función que vayan a realizar:
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  • General. Es aquella que normalmente se instala en el techo y que nos permite ver toda la habitación con claridad. Para conseguir este tipo de luz potente pero difusa, podemos optar por una lámpara, por tubos fluorescentes o por focos empotrados si no queremos que reste protagonismo a otros elementos de la estancia.
  • Directa. Proporciona un haz de luz intenso, cuyo objetivo es obtener más visibilidad en un punto concreto, por ejemplo en la encimera de la cocina, en un escritorio o en el espejo del baño.
  • Ambiental. Luz tenue y complementaria, con un valor decorativo que aporta calidez a la habitación. En esta clasificación entrarían, entre otras, las lámparas de pie o de sobremesa y los muebles retroiluminados.

Lo siguiente será planificar la iluminación según la estancia, aunque aquí entrarán otras variables muy particulares en función de las dimensiones, la distribución de los muebles y, cómo no, el gusto personal de cada uno. Anota algunas pautas genéricas:

  • Salón. Es donde acostumbramos a pasar la mayor parte de nuestro tiempo en casa, así que deberemos pensar con especial cuidado los elementos a instalar. Área de reunión y de relax, la luz general no debe ser demasiado potente para evitar el deslumbre, por eso los focos no siempre acostumbran a ser una opción acertada, a no ser que sean móviles y estén correctamente direccionados. La luz de ambientación cobrará una especial relevancia para crear una atmósfera cálida. Algunas ideas para conseguirlo: colocar una lámpara de pie o de sobremesa que combine con el estilo decorativo de la estancia (ten en cuenta si tienen pantalla resultarán más suaves y agradables); iluminar librerías, estantes o cuadros con apliques o focos que generen una luz indirecta en el resto de la estancia; y apostar por una lámpara de suelo si deseamos iluminar tenuemente un rincón. Si contamos con una zona de lectura, será aquí donde necesitaremos instalar una luz directa, y preferentemente orientable, para mejorar la visión.    
  • Cocina. El lema a seguir aquí es la practicidad. Contemplada principalmente como lugar de trabajo, necesitaremos una luz general intensa y homogénea que genere una visibilidad impecable. Si bien tradicionalmente la instalación de un fluorescente en el techo era la opción más común, los interiorismos vanguardistas apuestan muchas veces por empotrar focos halógenos alineados según la distribución del mobiliario. Ambas opciones son válidas, siempre que las reforcemos por luces directas en la encimera y en la zona de cocción, fundamental para manipular los alimentos con la mayor visión y sin incómodas sombras. Las principales firmas de cocinas y electrodomésticos entienden esta importancia e incluyen focos empotrados en la parte inferior de los muebles altos y en las campanas extractoras. Armarios, vitrinas o cajones con luces interiores que se activan al abrirlos, son otros sistemas lumínicos muy funcionales a tener en cuenta.    
  • Comedor. Ya esté situada en una estancia independiente o integrada en la cocina o en el salón, la mesa del comedor deberá iluminarse como un espacio en sí mismo. Lo más recomendable es optar por una lámpara (o varias) que cuelgue a unos 60-80 centímetros de distancia, para que ilumine los alimentos pero no deslumbre a los comensales. Optar por una luz de techo no es aconsejable, puesto que no iluminarían sólo el comedor, sino toda la habitación.
  • Dormitorio. En la zona de descanso se debe apostar por una luz general suave y una cuidada iluminación ambiental para crear un espacio acogedor y relajante, con lamparitas sobre las mesillas, luces directas por si nos gusta leer antes de dormir y focos verticales en el armario o vestidor para una correcta visión de las prendas. En caso de contar con un escritorio, un flexo aportará un haz de luz intenso para trabajar confortablemente.
  • Baño. La luz general debe complementarse con una directa en el espejo, a fin de obtener una mejor visibilidad a la hora de llevar a cabo nuestras actividades de higiene o bien de maquilarnos o afeitarnos. Un consejo: los focos encima del espejo creará una serie de sombras que evitaremos si los situamos en los laterales. 
  • Recibidor, pasillos y escaleras. Al ser zonas de paso, aquí buscaremos esencialmente la calidez. Una lámpara de pie o de mesa en el recibidor y unos apliques o focos halógenos en los pasillos o escaleras cumplirán sobradamente esta función. Evita la sobrecarga de luz.

Otro factor a tener en cuenta es el tipo de bombilla que vamos a utilizar. Las tradicionales han perdido muchos puntos ante la aparición de las de bajo consumo, que consumen cinco veces menos y tienen una duración 8 veces superior, pues convierten la energía en luz en lugar de en calor. Su única contrapartida es que tardan más en alcanzar su esplendor total, por lo que deberán instalarse en lugares donde la iluminación vaya a ser de uso prolongado.

También son muy utilizadas las luces halógenas, caracterizadas por su luz blanca de gran intensidad (a veces regulable), y las fluorescentes, adecuadas para estancias en las que se precisa de la misma cantidad de luz durante tiempo, como en la cocina.

Lo último en tecnología son las luces LED, perfectas para iluminar rincones puntuales y con un rendimiento extraordinario. Aunque su coste todavía es alto, se prevé que en el un futuro se extienda su uso y se abaraten considerablemente.

Para acabar, hay que tener en cuenta que las últimas generaciones de lámparas incorporan un avance tal en el diseño que llegan a convertirse en verdadero elementos decorativos en sí mismos: incluso podemos hacer que sean las protagonistas absolutas de una estancia. Modelos arquitectónicos, minimalistas, clásicos, vintage, futuristas, coloristas, discretos… los hay para todos los gustos y funciones.
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